Por qué Historias con Lupa

Si uno le pone una lupa a una tela aparentemente lisa descubre nudos impensados, hilos desparejos antes imperceptibles. Lo mismo pasa con la Historia. Cuando uno la mira con una lente inquisitiva, aparecen las vidas privadas, las mezquindades y los heroísmos y, en el fondo silencioso, los deseos, esos que explican de verdad las conductas. Esto queremos aquí: mostrar las historias con minúscula, los hilos imperfectos pero espléndidos que forman el tejido de la Historia con mayúscula.

Pero hay también otro modo. Una historia, esta vez de lo más íntimo, el cuerpo, escrita con imágenes. Para eso hay que ir a www.imagenesdelcuerpo.blogspot.com.

lunes, 20 de diciembre de 2021

El suicidio del héroe

Este 20 de diciembre se cumplen ochenta y dos años. En Buenos Aires se suicida un ídolo popular, el capitán Hans Langsdorff, capitán del acorazado alemán Graf Spee. En el cortejo fúnebre se oye una apelación repetida, ¡Seig!; ¡Hitler! responde la multitud. ¡Seig Hitler! ¡Seig Hitler! Es 1939, el mundo está en guerra.

En la tarde calma del verano porteño, Langsdorff se sienta a escribir. La letra firme; no le tiembla el pulso.

“Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí solo me corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee”.

Su desventura empieza en la madrugada del 13 de diciembre de 1939, cuando divisa un crucero y dos destructores ingleses. Inicia zafarrancho de combate. Y, en vez de atacar la nave más poderosa primero y después las menores, comete la imprudencia de atacar a todas a la vez. Los griegos llamaban hybris a la desmesura, el pecado que está en el fondo de las grandes tragedias.

Después de la inconclusa Batalla del Río de la Plata, Langsdorff no tiene más remedio que refugiarse en Montevideo. Los uruguayos no quieren saber nada, lo intiman a abandonar el puerto en 72 horas. Afuera, acecha el enemigo.

Langsdoff tiene tres opciones: sale al mar y da batalla, hunde el barco para que no lo tome el enemigo o intenta llegar al puerto de Buenos Aires, al que sabe amigo.

Cree que lo espera una gran fuerza naval. Y el canal hacia Buenos Aires es demasiado poco para el calado del acorazado. De modo que desembarca la tripulación en barcas argentinas y dinamita su navío. Todavía está allí, hundido en el fango.

Hace calor en la tarde del 20 de diciembre de 1939. Hans Langsdorff se envuelve en la bandera de combate del Graf Spee y se pega un tiro. ¡Sieg Hitler! gritan en la Chacarita.