Por qué Historias con Lupa

Si uno le pone una lupa a una tela aparentemente lisa descubre nudos impensados, hilos desparejos antes imperceptibles. Lo mismo pasa con la Historia. Cuando uno la mira con una lente inquisitiva, aparecen las vidas privadas, las mezquindades y los heroísmos y, en el fondo silencioso, los deseos, esos que explican de verdad las conductas. Esto queremos aquí: mostrar las historias con minúscula, los hilos imperfectos pero espléndidos que forman el tejido de la Historia con mayúscula.

Pero hay también otro modo. Una historia, esta vez de lo más íntimo, el cuerpo, escrita con imágenes. Para eso hay que ir a www.imagenesdelcuerpo.blogspot.com.

lunes, 14 de abril de 2014

Soldaditos

Los chicos, nos dicen, juegan a los narcos. Merca y desvarío. Bunker y violencia. La cultura del narcotráfico pone sus huevos pestíferos.
No es raro. Cuando juegan, los chicos recrean un mundo, el mundo de los grandes, para poder aprenderlo. Y, si el mundo es la droga exitosa, lógicamente juegan a la transa.  
Siempre fue así. En 1806, los chicos jugaban a la Reconquista.
A las autoridades coloniales no les gustaba nada. Tanto, que el Regente hizo leer este bando con pífanos y tambores:
“Por cuanto ha acreditado la experiencia, las frecuentes desgracias que ocasiona el abuso introducido por varios jóvenes y personas de menor edad de todas clases, de juntarse, e imitar por vía de distracción y juego, el ataque y Reconquista, usando en él de pólvora, balas, piedras y palos, con que se ofenden gravemente y exponen a otros a igual daño; y siendo urgente preciso cortar de raíz tal desorden, que influye también en partidos y enemistades entre los individuos de diversos barrios o cuarteles; ordeno y mando a los vecinos y habitantes de mi jurisdicción, y principalmente a los padres, tutores, amos o encargados de las indicadas personas dedicadas a tan perjudicial juego, cuiden de separarlas de él…”
Jugar a la Reconquista no era más que un reflejo de la militarización de aquella sociedad en pie de guerra.