Por qué Historias con Lupa

Si uno le pone una lupa a una tela aparentemente lisa descubre nudos impensados, hilos desparejos antes imperceptibles. Lo mismo pasa con la Historia. Cuando uno la mira con una lente inquisitiva, aparecen las vidas privadas, las mezquindades y los heroísmos y, en el fondo silencioso, los deseos, esos que explican de verdad las conductas. Esto queremos aquí: mostrar las historias con minúscula, los hilos imperfectos pero espléndidos que forman el tejido de la Historia con mayúscula.

Pero hay también otro modo. Una historia, esta vez de lo más íntimo, el cuerpo, escrita con imágenes. Para eso hay que ir a www.imagenesdelcuerpo.blogspot.com.

sábado, 30 de enero de 2021

Blancas palomitas


“El aseo y la limpieza dan a los niños belleza", dice el pizarrón. Limpieza rima con belleza. Por eso, los chicos se lavan las manos antes de sentarse a la mesa. Por eso, llevan guardapolvos blancos.

Hay una nena, la de trencitas, que parece llevar un delantal de otro color. No importa, es 1921, todavía el blanco no es obligatorio. El año pasado, durante la primera presidencia de Irigoyen, se recomendó (no se exigió) que los chicos usaran guardapolvos blancos en las escuelas.

El propósito no fue, como se cree, encubrir encubrir las diferencias sociales entre los alumnos. La intención era, sencillamente, higiénica. Un modo de evitar que los gérmenes viajaran de casa a la escuela y de la escuela a casa (la idea original era que el guardapolvo quedara en el establecimiento).

El guardapolvo blanco no es sino una consecuencia del higienismo como modo de ordenar a la sociedad. Bajo su influencia, la educación común debía ser obligatoria, gratuita, laica… e higiénica. Los médicos escolares asumirían la inspección de la salud y la higiene de los establecimientos. 

Así fue como, hace cien años, vestimos a los chicos de las escuelas con guardapolvos blancos. Como los médicos.