Por qué Historias con Lupa

Si uno le pone una lupa a una tela aparentemente lisa descubre nudos impensados, hilos desparejos antes imperceptibles. Lo mismo pasa con la Historia. Cuando uno la mira con una lente inquisitiva, aparecen las vidas privadas, las mezquindades y los heroísmos y, en el fondo silencioso, los deseos, esos que explican de verdad las conductas. Esto queremos aquí: mostrar las historias con minúscula, los hilos imperfectos pero espléndidos que forman el tejido de la Historia con mayúscula.

Pero hay también otro modo. Una historia, esta vez de lo más íntimo, el cuerpo, escrita con imágenes. Para eso hay que ir a www.imagenesdelcuerpo.blogspot.com.

sábado, 16 de junio de 2012

Inaudito


Es un cuerpo en cierne. Los espermatozoides asedian heroicamente el óvulo. Uno de ellos lo fecundará después de haber degradado la barrera ovular con la ayuda de sus pares. El óvulo espera, envuelto en su capa pelúcida. En algún momento los genes de ambos se combinarán y se formará el embrión de lo que vendrá.
Es una epopeya de fluidos, células y membranas. Pero una epopeya insonora.
Hasta ahora, porque en lo sucesivo se podrán oír nítidamente esas hazañas; el rumor de los líquidos, los movimientos del útero, las oscilaciones de las hormonas.
Físicos de la Universidad de München desarrollaron un dispositivo auditivo que registra vibraciones  acústicas de hasta -60 decibeles. Se podría escuchar un sonido un millón de veces menor que el ruido más ínfimo que pudiera detectar el oído de un hombre.
Tal vez, entonces, alguna vez alguien oirá el triunfo del espermatozoide, los suspiros del embrión cuando hace nido en el útero. ¿Hay, acaso, una historia más privada, más íntima?

sábado, 9 de junio de 2012

Una figurita de Billiken


El joven Manuel Belgrano rinde examen de derecho en 
la célebre Universidad de Salamanca en 1787,
 Rafael del Villar, circa 1910. 
Complejo Museográfico Enrique Udaondo, Luján

¿Cómo era Manuel Belgrano? ¿Pelo rojo y ojos castaños, como decía el certificado de estudios del Real Colegio San Carlos? ¿Pelo rubio y color muy blanco, algo rosado, como declaró su amigo José Celedonio Balbín? ¿Ojos color miel, como en el relicario que llevaba su hija Manuela? No sabremos nunca cómo era en verdad, puesto que a la historia oficial no parece interesarle más que las batallas. De la infancia o de la juventud de los próceres, ni hablar.  
Allá por 1910, cuando la burguesía todavía nos inventaba los padres fundadores, alguien le encargó a Rafael del Villar (1873/1952) que compusiera al Belgrano que estuvo siete años en España. Así lo hizo. Pero la fecha dada es errónea. Es el 28 de enero de 1789 (faltaba nada para la toma de la Bastilla) cuando consigue su título de bachiller en leyes en la Real Universidad de Valladolid.
Parece más bien morocho, vestido a la vieja usanza (calzones hasta debajo de las rodillas, medias blancas de seda). Y no faltan los íconos de la cristiandad y la monarquía en las paredes, tal como les gustaba a los que quisieron hacer nuestra historia como una continuidad del viejo imperio español.
Para entonces Manuel tenía diecinueve años. Es probable que ya hubiese contraído sífilis. Como cualquier mozo de buena estampa, alguna vez debe haber salido a la puerta de la ciudad, allá en el barranco, a contratar alguna mujer enamorada, como se les decía a las prostitutas. Hasta es probable que ya tuviera la experiencia de las pajilleras, las que masturbaban a sus clientes con dos dedos por un real o por dos si lo hacían “a mano completa”. No digamos si era una de aquellas viejas desdentadas (todo un mérito si se trataba de servicios bucales) que pululaban por Valladolid.
Después de todo, Manuel Belgrano no fue una figurita de Billiken.

domingo, 3 de junio de 2012

Personajes. María de la Luz Godoy Cruz


En 1861, el año en que murió la viuda de Godoy Cruz, un 
terremoto dejó en ruinas a Mendoza. Foto de José Christiano 
de Freitas Henriques Junior, detto Christiano Junior

Lo perdía el lienzo muy fino de Holanda para el vuelo de los puños de las camisas. Y las telas blancas de algodón labrado. Los mendocinos decían, no se sabe si con admiración o con envidia, que mandaba a hacer su ropa con piezas de Nankín, la ciudad que se conocía como La capital del cielo en la antigua China.
Coqueto como era, Tomás Godoy Cruz (1791/1852) fue representante de Mendoza en el Congreso de Tucumán. San Martín lo presionaba para la declaración de la Independencia. Cuando volvió, fue gobernador de la provincia.
En 1823, Tomás se casó con María de la Luz Sosa (1797/1861), bellísima, dicen. Las fiestas que daba eran famosas en Mendoza.
El 15 de mayo de 1852, solo, oyendo a lo lejos el bullicio de uno de aquellos bailes famosos, Tomás murió. Una criada, que había encontrado el cuerpo sin vida, corrió a la señora, a ver qué hacía. María de la Luz dio orden de cerrar silenciosamente la puerta de la habitación. Y volvió alegremente al salón. No era cuestión de entristecer a los invitados.

domingo, 27 de mayo de 2012

Braguetas indiscretas


Era una vergüenza. Cuando el tranvía pasaba por Almirante Brown y Martín García, los desprevenidos pasajeros tenían que tolerar a los que salían del mingitorio con la bragueta abierta, abrochándose descuidadamente. Un atentado a la moral y al pudor.
En Buenos Aires hubo mingitorios (del latín mingĕre, mear) públicos hasta 1926. Los había en Callao y Santa Fe, en plaza Once de Septiembre, en Viamonte, al lado del teatro Colón. Los primeros se instalaron en el Paseo de Julio a fines del siglo XIX. Eran como quioscos que imitaban a los parisinos. Y, desde luego, tenían anchos zócalos abiertos para prevenir encuentros inmorales.
Pero los zócalos no impedían que los señores salieran a menudo con la bragueta desabrochada (los botones sin abrochar, puesto que en ese entonces no había cremalleras).
Curiosa palabra, “bragueta”. Viene de “braga”, que tiene dos acepciones. Antiguamente, La pieza de la armadura que cubría las partes naturales del caballero. Y, contemporáneamente,  la prenda interior femenina. La bombacha, bah. De modo que el término “bragueta”, tan viril como suena, es por lo menos ambiguo.
Como fuere, en marzo de 1900 Caras y Caretas publicaba una caricatura con el epígrafe: “Abróchese antes de salir”. Y un señor en un mingitorio que, escrupulosamente, se ataba… los cordones de los zapatos. 

sábado, 19 de mayo de 2012

La otra Traviata


Prostituta, Ernest James Bellocq, 1912

Un verano de 1877, el juez de paz de la parroquia de San Nicolás recibió una denuncia a propósito de una pupila de una casa de tolerancia en la parroquia de San Nicolás. Los honorables funcionarios de aquella época, como se sabe, hicieron todo lo posible para normalizar la prostitución, la que juzgaban un mal necesario. De modo que prontamente fue despachado un médico al prostíbulo. José Luis Scarsi encontró el informe del galeno:
La expresada prostituta, Lola Martínez, de veintiún años de edad (aunque en realidad debe tener más edad), natural de España, entró a la casa el quince de junio del pasado año de 1876, hallándose anotada en el respectivo libro bajo el número trece, se encuentra en un estado bastante alarmante, porque su delicado organismo, y con esa vida licenciosa, hace temer muy fundadamente que  terminará, tal vez en breve tiempo, por una tisis pulmonar, ya incipiente, ó, en otros términos, de una tuberculosis.
Es pues, de urgente necesidad que cambie de vida, debiendo, sin pérdida de tiempo, salir al campo para que con el aire oxigenado y una buena, como nutritiva alimentación, pueda cambiar su delicada constitución y recuperar las fuerzas vitales que cada día va perdiendo notablemente. Hace ya algún tiempo, que el infrascrito indicó a dicha prostituta, la urgentísima necesidad de cambiar de vida, porque do lo contrario, su organismo iría cada día deteriorándose notablemente, poniendo en gravísimo peligro su existencia.
Lola no volvió a aparecer en los registros municipales.


domingo, 13 de mayo de 2012

Personajes. Delfina de Mitre


Delfina Vedia de Mitre (1819/1882)

Delfina se marchitó. En una época en que las mujeres huían de sol para ostentar palidez, ella era transparente, casi nacarada. Los verdes ojos, los blancos pechos. Pero de nada le sirvió. Se marchitó.
No es que Mitre (así llamaba Delfina a su esposo) la maltratara. Aunque lejos estaban aquellos versos de cuando era capitán de artillería y le escribía que era un ángel desterrado. Si hemos de decir la verdad, con el tiempo los versos se oxidaron con orín de cañón: Te recordaba, Delfina / en medio de la batalla / viendo tu cara divina / cual la Bandera Argentina [sic] / en medio de la metralla.  
No es que el general hiciera gala de amoríos fuera de casa, pese a que había mucha tilinga que lo buscaba. Como aquella Ventura Díaz de Trejo, que un día le dio la mano en la calle y después mandó a hacer un cofre de roble para guardar la reliquia del guante que había tocado don Bartolo.
Tampoco es que Mitre fuera, como era, áspero como un sayo franciscano. Su violencia, su intemperancia, esa mirada de rayo que hacía callar eran suavemente contenidas por la blanda Delfina. 
Lo que en verdad marchitó a Delfina de Mitre fue el suicidio de su hijo Jorge.

sábado, 5 de mayo de 2012

Juguetitos


Placa de porcelana, circa 1850, 
hallada por el arqueólogo urbano Daniel Schavelzon 

Las cortinas han sido corridas mostrando lo que no se debe mostrar. La verga, enhiesta. La erección, obra de la mujer semidesnuda que toca la flauta de Pan, como si fuera la encantadora del falo serpiente.
Pero hay un toque de discreción: la escena, representada en una pequeña placa de porcelana, sólo se ve del todo si uno la pone a trasluz.
La placa fue encontrada por el arqueólogo Daniel Schavelzon en el pozo de basura de la casa de Manuel José Cobo y su esposa Josefa Lavalle. Los residuos fueron arrojados allí entre 1860 y 1895, la época en la que los nuevos ricos se daban aires de señores. En Bolívar 238 vivieron los Cobo, sus cuatro hijos y sus dos hijas. De modo que no sabemos a quién pertenecía.
Tampoco sabemos quién se entretenía con los tres falos de madera trabajados a mano hallados en el mismo pozo. Están bien conservados: la superficie pulida, el extremo convenientemente redondeado, unos diecisiete centímetros de largo, tres de grosor. Los consoladores no eran infrecuentes. A mediados del siglo XIX, en los países civilizados ya los había mecánicos.
Pero acaso lo más interesante del hallazgo arqueológico sea dónde fueron hallados estos juguetes eróticos. Los encontraron dentro de una bacinica. ¿No es un delicioso detalle moral?